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miércoles, 11 de abril de 2018

Sección "Hablamos nosotros" : Experiencia laboral en el extranjero

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Como anuncié e invité a colaborar en mi cuenta de facebook , abro la  sección "Hablamos nosotros de fobia social "  en la que otras personas con este problema que quieran explicar  su experiencias en este blog lo puedan hacer , si así lo desean .

Es dificil que haya dos casos de fobia social idénticos y,  aunque coincidamos en muchas de las bases , contar diferentes experienciss puede acercar más a esta realidad , uno de los objetivo de este blog.

Complicaciones con patologías asociadas, diferentes síntomas, limitaciones, vuestros sentimientos.... Cosas que creais se deban conocer desde quien lo vive.

Quien quiera participar puede escribir su historia a la dirección del formulario de contacto del blog. Puede hacerse de forma anónima.

En esta ocasión Ana nos explica su experiencia laboral en el extranjero, habiendo explicado mi experiencia del tema en la anterior entrada , he querido completar y seguir con esta.
Sin duda una experiencia que podría llegar a ser enriquecedora, resulta complicada en personas con fobia social
Gracias Ana 

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Siempre he pensado que una experiencia laboral en el extranjero es una experiencia
positiva que te hace crecer y madurar, de hecho lo es, aún así, aunque alguna vez se puede volver en tu contra, siempre puedes sacar algo bueno del fondo.

Hace 20 años me fui a Inglaterra a trabajar como camarera en un Hotel de lujo, animada por mis padres, en especial mi padre, y a través de la hija de un conocido de mi padre que se encontraba allí trabajando.

Mis sentimientos a la hora de afrontar semejante aventura, eran muy encontrados: me daba un miedo feroz el hecho de convivir en un bloque de habitaciones con la misma gente con la que iba a compartir lugar de trabajo en el hotel, pero por otro lado, el hecho de poder trabajar en un sitio espectacular tal como me mostraban las fotos del folleto que me mandaron, resultaba bastante atractivo.
Además también pensaba, que dadas mis dificultades con el idioma, el cual solo conocía de mis estudios en la Escuela Oficial de idiomas y el instituto, servirían de escudo para disimular mis dificultades i casi imposibilidad de relación con los demás.
Yo todavía no sabía que tenía Fobia Social, creía que era inmadurez o solo timidez, además que soy muy cabezota y siempre me meto en todo tipo de líos de los que no siempre salgo bien parada. Además, para qué engañarnos, el más interesado en que me fuera era mi padre, empeñado en que tenía que “espabilar” .Esto era digamos, una “prueba de fuego”.

Mi fui con una venda en los ojos, sin pensar que una vez más, me daría con el mismo
muro.Llegué al sitio en cuestión un 12 de Enero de 1998, ya teniendo veintimuchos años, ya no era una jovencita. Al principio me sentía muy extraña, mirando a gente con la que compartiría residencia y trabajo (otro inconveniente para mí, ya que yo he necesitado siempre separar vida doméstica de vida laboral, pues no me quiero llevar problemas a casa).

Al principio, lo típico, choque cultural, adaptación, etc, todo muy “light”, siempre vas “mejorando” poco a poco.

Mi habitación, mi refugio, una habitación individual, una maravilla.El bloque de habitaciones se componía de habitaciones individuales o dobles.Muchas ventajas de tener una individual, allí dentro me pensaba tantas veces si salir a “hacer vida social” a otras habitaciones como hacían muchos de mis compañeros, pero la
gran mayoría de las veces, ganaba por goleada el quedarme allí, y salir sólo para hacer las comidas, que eran en el hotel.

Me sentía como en un mundo distinto, tan distinto a España, y con grandes oportunidades de aprender, además teniendo la ventaja de que el alojamiento y las comidas nos las daba el Hotel, por tanto podías ahorrar y no tenías problemas para llegar a fin de mes.

La gente me recibió muy bien y conocí a gente muy maja, dos de ellos finlandeses que trabajaban conmigo en el restaurante del Hotel. Pero aunque había gente que me caía bien, yo me mantenía aislada y sólo me relacionaba con ellos lo justo ( esto ocurre con la Fobia Social, aunque la gente sea amable y cariñosa, nosotros nos alejamos), en mi caso no quería ser una carga para nadie.

Mi apariencia era triste: todos creían que echaba mucho de menos a mi familia, pero no era así en realidad, estaba triste porque no me podía relacionar con la gente sin sentirme extraña y con ganas de salir corriendo.
NO, NO era eso, otro de los síntomas de la Fobia Social, echaba de menos a mi familia, lo normal, pero estaba triste porque veía que la espiral de aislamiento en la que me estaba metiendo poco a poco, iba a hacer que el día que me fuera de allí lo hiciese de vacío, sin saber cómo despedirme de los demás...qué triste, no?

También tengo que decir que tengo una hermana que decidió irse también a Inglaterra a trabajar mediante una agencia de colocación, pero en su caso, ella estaba en Londres, trabajando  en hoteles. Yo me mantenía en contacto con ella, por teléfono, y los días que libraba aprovechaba para ir a verla. Esto era muy reconfortante para mí.y por supuesto, también hablar por teléfono con mis padres.

El Idioma otro inconveniente: como era tan callada, creían que no sabía absolutamente nada, cosa no del todo cierta, pero lo más difícil para mí era entender, acostumbrar el oído. Al hablar me atropellaba, no retenía las cosas, y cambiaba palabras, no por desconocimiento, sino por confusiones que yo cazaba luego. Esto fue un gran inconveniente en el trabajo, si bien al principio no tanto, ya que se veía algo más normal, más adelante me trajo un sinfín de problemas y situaciones embarazosas.

Un día a la semana venía una profesora a dar clases del Ingĺés, a las que yo acudía con todo el gusto, pero alguno de mis compañeros parecía vigilarme, ya que creían que no me gustaba ir (otro malentendido). En las clases, iba bastante bien, me sentía una más, no así en el trabajo, donde me sentía un pato mareado.

EL TRABAJO 

Empecé el trabajo bien, mostrando interés por aprender, con los inconvenientes por el
idioma, pero al margen ya del idioma, con muchas incomodidades ya que se trataba de atender a los clientes. Aunque yo no lo hacía directamente, sí me daban cuenta de lo pedido para que yo fuese a la cocina a traerlo al restaurante.

Debo decir que para mí el trabajo cara al público, ha sido siempre casi un imposible, con razón digo que esto era una auténtica “prueba de fuego” para mí.
Además, en este Departamento, el Restaurante, existía un ambiente digamos, hostil, más que en los otros Departamentos de Hotel. Al menos así opinaban muchos trabajadores.

Y entonces, empezó mi declive: ataques de pánico, bloqueos y meteduras de pata, sacar de quicio a jefes y compañeros (no digo todos, habían algunos más empáticos, dispuestos a ayudar si podían), y algún que otro toque de atención de que debía cambiar mi actitud ( no solo trabajar mejor, sino ser más abierta y habladora).
Es evidente que se habían percatado de mi carácter extremadamente introvertido. Para que os hagáis una idea, también llegaron a decirme que tenía que ser más “Profesional”, y es que llegué a un punto de no retorno, en el que ni siquiera podía ser persona (la situación se me había ido de las manos).
Regaños casi todos los días, lágrimas que no podía aguantarme. Si al principio piensas: ya me iré tranquilizando poco a poco...pues no, cada vez a peor, llegué a sentirme en un estado catatónico, en el que no podía ni pensar. Me decían que no pensaba, que tenía que prestar atención, pero no podía. Me quedaba quieta, y llegaron a sentenciarme:

“Tú no quieres trabajar”.

Esta frase me dolió muchísimo, aunque no sé si realmente lo pensaban así, o es
que yo les sacaba tanto de quicio.

EL TIEMPO LIBRE

Como ya he dicho, el tiempo libre lo pasaba en la habitación pensando: “salgo, no
salgo,”...rara vez me daba un empujón y me animaba a salir, como aquella vez que fui a la habitación de mis dos vecinos , con los cuales compartía el baño, dos jovencitos
gamberretes, con los cuales tuve algunos encontronazos, ya que me veían muy parada. Llegaron a decirme que era egoísta y que sólo pensaba en mí misma...ese día desconecté, y llegaron a decirme hasta….que les caía bien!!!

También, en mis días libres, aprovechaba para ir al pueblo a hacer compras. Esto se me daba bien, cuando estás sola, por lo menos en mi caso, y no hay presión de ningún tipo, las cosas te van saliendo mejor. Luego volvía al Hotel andando, o en un taxi (el Hotel estaba en medio del campo, a unos tres kilómetros del pueblo).

Las comidas en el Hotel: solía sentarme sola, alguna vez en una mesa con algunos
compañeros que me caían bien, pero mi tendencia natural era estar sola (no quería sentirmeun estorbo)

También, como he dicho antes, me iba a Londres a ver a mi hermana, y contarle cómo me iba, ya estaba yo pensando en dejar el hotel por lo mal que me encontraba en el trabajo e irme con ella, pero….la idea que tenía yo era estar al menos seis meses, y quería aguantar un poco más.
Mi hermana trabajaba en ese momento limpiando habitaciones de hoteles ( pensé que un trabajo así sería mejor para mí), pero bueno, ya veríamos más adelante.
Como tenía dos días libres, me quedé a dormir en la residencia donde ella se alojaba, y ya al día siguiente regresaría de vuelta al pueblo, cogiendo fuerzas para mejorar mi situación en el trabajo.

Con mis padres hablé también, ya les puse al corriente de los problemas que estaba
teniendo, pero les comenté que ya se solucionaría todo. Ellos también pensaban que el problema era el Idioma.. pero yo sabía que era algo más. Por ejemplo, en los momentos de trabajo en los que no hay clientes en el restaurante, yo también estaba incómoda con mis compañeros, sentía que no podía estar de pie, sensaciones de no querer que te vean, de desaparecer, quiero decir, que no es solo trabajar cara al público, es simplemente relacionarte con los demás sin que existan esas tensiones, porque con quien realmente pasas muchas horas es con los compañeros, no con los clientes...qué diferente hubiera sido todo sin este problema!!! Una experiencia que iba a ser positiva…..


Y llegó aquel día..

19 de marzo de 1998
Un día normal trabajando en el restaurante. Yo tenía pensado por la tarde llamara a mi
padre para felicitarlo por su santo y por ser el día del padre, pero antes de ir a comer mis jefes me dijeron que me esperase, que querían hablar conmigo. Me puse nerviosisima, después de tantos avisos, esto parecía que iba más en serio.

Se sentaron los dos delante de mí:
El día 31 de Marzo dejas el Hotel. No podemos seguir manteniéndote…

Una sensación de derrumbe y fracaso me hizo llorar…..había tocado fondo!!!

Despedida del Hotel!!!

¿ Cómo podía haber llegado hasta ese extremo??

Acto seguido empezaron a enumerarme razones que obviamente yo ya sabía:

No piensas,

Eres muy cerrada…

Otra que me dolió especialmente: no saludas a la Directora del Hotel
cuando pasas por su lado.

Y por supuesto, también nombrarme a los compañeros que se habían quejado de mí, que eran varios..

Uno de los jefes me vió tan mal que quiso ayudarme diciéndome que me recomendaría para trabajar en un hotel que estaba cerca de allí, y le dí las gracias, pero le dije que no, queya me buscaría la vida, que no se preocupara por mí.
Fui a recoger mi carta de despido, donde, pude leer algo así como:

“No has alcanzado el estándar” o traducido al español “que no había dado la talla..

Cuando se lo comuniqué a mis padres, pues bueno, la verdad es que ya los había ido
preparando..no se sorprendieron mucho, eran tantos los toques que me habían dado de que cambiara, pero yo no podía hacerlo!! llegaron los jefes a decirme que si no cambiaba no me querrían en ningún trabajo…

Los días que me quedaban, 12 en total, fueron tranquilos, algunos compañeros estuvieron muy amables conmigo, yo en parte estaba aliviada,porque un problema así ya no tenía más solución que dejarlo. Aunque por otro lado estaba preocupada, porque sabía que había algomás, que si no lo solucionaba me iba a estar pasando siempre.
Una prueba de fuego que no había podido superar…no llegué ni a los tres meses.
Ya tenía decidido irme a Londres con mi hermana, y trabajar de limpiadora de
habitaciones. Eso sería mucho más fácil.
Como podréis suponer, no me despedí de la gente a lo grande. Mis compañeros los
finlandeses me animaron y fuimos a tomar unas copas. De unos pocos también me despedí, pero no lo hice muy emotivamente, no fui capaz, debí parecer una antipática
Los jefes al final, también se mostraron algo más amables, y me dijeron incluso que podía volver algún día a visitarles...nunca lo hice..

El 1 de Abril de 1998 cogí un tren que me llevó a Londres a vivir con mi hermana, donde estuve un año y medio trabajando limpiando habitaciones en un hotel, un trabajo muy pesado, pero posible para mí. Al ser un trabajo en solitario y vivir con mi hermana, hizo posible mi estancia en un país extranjero con fobia social. No fui capaz de cambiar de trabajo, mi hermana pasó de limpiar habitaciones a camarera en un hotel, a mi pasó al contrario
Estuve un año y medio, y además me pagué una academia de Inglés para mejorar el idioma.

Regresé a España en Octubre de 1999

Esta es mi experiencia, se aprenden muchas cosas, no quiero desanimar a quien de vosotros quiera ir al extranjero con fobia social, a mí entre cosas, me ha enseñado a ser más empática en el trabajo, no es lo mismo ser útil que ser servil...para mí,que me es tan difícil trabajar en equipo. Es importante saber aportar algo más que simplemente decir a todo que sí, pero no facilitar la totalidad del trabajo..
Gracias